Entrevistas a expertos: Dra. Nuria Roure

Entrevista a la Dra. Nuria Roure

Actualizado en junio 2023

Escrito por:

Dra. Clara Muñoz, investigadora y biomédica

Proceso revisión

Metodología

Probamos docenas de colchones y accesorios en condiciones reales y nuestros expertos los someten a rigurosos tests analíticos. Conoce nuestro proceso editorial.

Entrevistamos a la Dra. Nuria Roure, psicóloga especialista en trastornos del sueño y profesora en la Universidad de Lleida. Además, es la primera psicóloga española acreditada por la Sociedad Europea de Investigación del Sueño.

Lleva más de 15 años ayudando a personas con problemas para dormir a descansar mejor, tanto en su consulta como a través de talleres, cursos y conferencias. Es también la creadora del método “Duerme, descansa, vive” y autora del libro Por fin duermo.

Hoy nos revela las claves más importantes para dormir mejor y qué puedes hacer para levantarte cada día con energía y salud.

Entrevista a la Dra. Roure, psicóloga especialista en trastornos del sueño

Si prefieres verla en directo, aquí tienes el vídeo de la entrevista:

Cómo mejorar tu descanso - Entrevista con la Dra. Nuria Roure

¿Cómo podemos analizar nuestro sueño para saber si es de calidad? Y, si no es así, ¿cómo podemos saber qué es lo que está fallando?

La forma más sencilla y económica de analizar cómo estamos durmiendo es mirar cómo estamos al día siguiente.

Una vez nos despertamos a la mañana, nos podemos preguntar ¿cómo me despierto? ¿cómo me siento? Si me siento con ganas de hacer cosas, con energía, eso quiere decir que mi sueño ha sido reparador. Pero si ya me levanto cansada o con la sensación de no haber descansado bien, es que quizás mi sueño no ha sido suficiente o no ha sido de calidad.

También podemos fijarnos a lo largo del día, cómo vamos aguantando la energía. ¿Se me acaba muy pronto? ¿llego bien hasta el final? Eso también nos va a dar muchas pistas, sobre todo de si las horas que estoy durmiendo son las necesarias.

Y a nivel más técnico, ¿qué pruebas se pueden realizar?

En un nivel más cualificado y analítico, podemos realizar varios estudios, como la polisomnografía, en la que se ponen unos cables en la cabeza durante una noche para hacer un estudio analizando las distintas fases de sueño. Así sabemos las fases por las que va pasando el paciente mientras duerme, dándonos información sobre si el sueño es de calidad o no, o si hay ciertas conductas o aspectos que podrían estar alterando esas fases y afectar al sueño reparador.

Otro instrumento que también nos ayuda mucho a saber si tenemos un sueño reparador es la actimetría. Solemos utilizarlo sobre todo en insomnios, personas que empiezan a dormir mal, que no pueden dormir o que se despiertan en mitad de la noche o que se despiertan antes de la hora que quieren y luego les cuesta volver a conciliar el sueño. Como sabemos que las noches son muy variables, con una única muestra no tenemos suficiente.

Una actimetría es como un reloj que llevan las personas durante una semana para analizar los hábitos y rutinas que se hacen durante el día y la noche, que pueden estar afectando a nuestros ritmos circadianos y nos da muchísima información.

A veces, lo que hacemos es combinar ambos estudios. Ahí sí que tendríamos ya un estudio muy completo donde podemos analizar cómo es su sueño, pero también cuáles pueden ser las causas de ese mal dormir. Y a partir de ahí es cuando podemos empezar a trabajar.

¿Qué opinas de los gadgets y de las aplicaciones que se han puesto de moda en estos últimos años para medir la calidad del descanso?

mujer durmiendo con reloj con app de sueño Todo lo que nos pueda dar información para garantizar un mejor bienestar, nos ayuda mucho, y estas apps han sido un primer paso. Nos pueden decir cómo estamos durmiendo, cómo es nuestra calidad de sueño, nuestra calidad de vida, cómo es el ejercicio que hacemos durante el día, qué me puede estar afectando al sueño o qué tipo de alimentación necesito para mejorar el descanso.

Quizás nos falta esa segunda parte de: ¿y ahora qué? Creo que en estas aplicaciones les falta un poco de información sobre qué hay que hacer después.

Además, tenemos que vigilar un poco, porque usar estas herramientas está muy bien siempre y cuando duermas bien y tengas un interés en conocer tu sueño. Pero, ya sabemos que, las personas que empiezan a dormir mal, acaban generando lo que llamamos hiperactivación del sueño y están muy pendientes de cómo duermen.

Para que el sueño llegue con facilidad, necesitamos desconectar físicamente y relajar los músculos, pero también mentalmente. Si vas a la cama pensando demasiado sobre cómo dormirás, es difícil relajarse e incluso puede llegar a impedirnos descansar. En esta situación, tener una aplicación que nos da información “negativa” sobre nuestro descanso puede ser contraproducente y ponernos más presión.

En estas situaciones es mejor centrarse en la información más subjetiva.

Para dormir mejor ¿cómo puedo desconectar y ayudar a mi cerebro a relajarse?

Pues empezando por no saber qué hora es. ¿Qué más nos da? Si son las dos, las tres o las cinco. El sueño no se puede controlar. Hay personas que son muy controladoras, exigentes y perfeccionistas, pero hay que vigilar un poco, porque este control, y sobre todo en el sueño, nos puede perjudicar mucho, porque el sueño cuanto más se busca, menos se encuentra.

En esta situación, siempre recomiendo quitar los dispositivos que estén midiendo cómo es el sueño, y que se dejen guiar un poquito más por esa sensación más subjetiva de la que hablábamos.

¿Qué hacemos a lo largo del día que nos impide descansar bien por la noche?

Hoy en día sabemos que hay más de 40 causas que pueden alterar nuestro sueño y se pueden dividir en 2 grupos: por un lado las causas de noche, que deben ser analizadas por estudios concretos, y por el otro, las causas de día, que analizamos con la actimetría.

Nuestro sueño se empieza a fabricar cuando nos despertamos por la mañana, es decir, que tardamos unas 16 horas en crear el sueño de la noche. Todo aquello que pasa en nuestro día va a afectar a cómo dormimos.

Si somos exigentes y queremos tenerlo todo controlado, si estamos hiperactivados todo el día haciendo cosas y el cerebro está a full y muy activado, cuando llegue la noche, estará todavía pasado de vueltas y le va a costar mucho esa desconexión para poder dormir. Por lo tanto, todo lo que hacemos y nos decimos durante el día importa mucho.

Todos los hábitos diurnos, como por ejemplo, la alimentación, el ejercicio, el trabajo, pero también la parte más interna, como es el reloj biológico, afectan al descanso. Los cronotipos que tiene cada persona también afectan a cómo dormimos, y el aspecto más emocional, más cognitivo de los pensamientos, de cómo nos tomamos las cosas.

Además, si me voy a la cama pensando, “seguro que hoy vuelvo a tener una mala noche”, ¿qué va a pasar? Que voy a tener una mala noche.

Por tanto, son muchísimas las cosas que pueden influir en el sueño, aunque es verdad que tenemos que empezar siempre por aquellas más frecuentes o las que son más evidentes, como puede ser la alimentación, los pensamientos, los ritmos circadianos, etc.

¿Qué es el biorritmo y cómo afecta a nuestro descanso?

Tenemos un pequeño reloj en la parte más interna del cerebro encargado de decirnos a qué hora nos tenemos que acostar y cuándo nos tenemos que levantar. Es un reloj que funciona en 24 horas y es lo que llamamos el ritmo circadiano.

Gráfico de Ciclos circadianos

Si funciona bien, nos vendrá el sueño más o menos a la misma hora cada día. De igual manera, nos despertaremos más o menos en el mismo momento. La mayoría de personas con un cronotipo normal, regulan sus actividades a la misma hora, como por ejemplo empezando a tener sueño sobre las diez y media de la noche, y levantándose sobre las siete aproximadamente.

Pero luego, hay personas a las que llamamos búho, que son muy nocturnas y se activan cuando llega la tarde-noche. Es cuando les va mejor trabajar porque se concentran más. Estas personas no empiezan a fabricar sueño hasta un poquito más tarde.

Hay otras personas que son al revés, las alondras, que cuando llega la tarde noche en seguida están agotadas. Les viene el sueño muy pronto, se duermen rápido y descansan bien. También se despiertan muy rápido, muy pronto, como a las seis de la mañana, y están muy activas. Es su mejor momento para concentrarse, para empezar a trabajar y organizar el día. Tienen el ritmo circadiano un poquito adelantado.

La conclusión de todo esto es que tenemos que vivir acorde a nuestros cronotipos.

Hay un estudio sobre búhos y alondras que indicaba que las personas búho tenían una esperanza de vida más corta. El motivo, posiblemente, es que la sociedad no está adaptada realmente a este tipo de cronotipo y las normas rígidas que tenemos, no les facilita su actividad y descanso. Esa privación del sueño produce consecuencias en la salud a largo plazo.

La sociedad está ideada para que seamos matutinos.

Efectivamente, por eso, al realizar charlas a empresas donde explicamos la importancia del descanso y de seguir nuestros cronotipos, intentamos que sean más flexibles al regular los horarios y que no haya una obligatoriedad de estar presente a ciertas horas.

Lo ideal es poder flexibilizar la hora de entrada y la hora de salida, para que el trabajador, cuando llegue, pueda trabajar más feliz. No es cuestión de que rinda más, pero va a rendir mejor y lo va a hacer con más bienestar, por lo que le será más fácil hacer su trabajo.

¿Qué población se ve más afectada por un cronotipo retardado?

La mayoría de los adolescentes tienen el cronotipo más retardado, por eso les cuesta dormir por la noche. ¿Qué hacen? Cogen el móvil y la luz tan potente de su pantalla hace que se retrase aún más ese ritmo y les viene el sueño más tarde. ¿Pero qué pasa? Que el instituto empieza muy pronto en España, por lo que están más privados del sueño.

mujer durmiendo con el móvil Se sienten como si a nosotros nos despertaran a las cuatro de la mañana y nos hicieran ir a trabajar. Por mucho que te guste tu trabajo, a esa hora no vas a tener ganas ni vas a estar con las capacidades adecuadas. A estos estudiantes les cuesta mucho concentrarse en el Instituto, llegan a casa a mediodía y se echan una siesta, porque están privados de sueño. Normalmente los padres no entendemos que sí duerman al mediodía pero no lo hagan por la noche.

Este desajuste del sueño puede llegar a producir hasta problemas de conducta. Pero cuando les organizamos un poco el descanso, les volvemos a adelantar ese ritmo circadiano y le adaptamos los horarios, es una persona totalmente distinta. Porque descansa, duerme bien y, al día siguiente, ya va con motivación, con ganas, porque ha dormido y ha reparado el cansancio. Esta situación es habitual entre adolescentes, pero también puede suceder en adultos.

¿Es recomendable hacer siesta?

Sí, es recomendable siempre y cuando se cumplan unos requisitos. Si el sueño es una necesidad, porque necesitamos dormir para poder vivir, la siesta ya es un lujo. Si duermes bien por la noche, con ese descanso deberías tener suficiente. Pero si quieres dormir durante el día, tienen que ser 20 o 30 minutos como máximo y antes de las cuatro de la tarde.

Tengo pacientes que no pueden dormir siesta y no pasa nada. Les recomiendo que usen ese espacio tiempo para relajarse, intentar desconectar la mente y respirar tranquilamente. De esta manera, tanto cuerpo como cerebro descansan y se recuperan también.

A veces tenemos miedo de si, hacer una siesta, quizás pueda dificultar el descanso por la noche. No te preocupes, si es una siesta corta, no hay problema. Pero si es un poquito más larga o más tarde, sí que en ese momento ya estamos quitando sueño a esas horas nocturnas. Y es que si entramos rápidamente en un sueño profundo por estar más tiempo durmiendo, nos puede pasar que después nos levantemos con la cabeza un poco embotada, con la sensación de resaca.

Eso quiere decir dos cosas: o que te has pasado de tiempo, o que no estás durmiendo suficiente por la noche. En esos 20 minutos, lo que intenta el cuerpo es recuperar el sueño que ha perdido y por eso entra rápidamente en el sueño profundo y te levantas con esa sensación de mal descanso, necesitando más tiempo para recuperar el cansancio.

¿El sueño se recupera?

El sueño no se recupera y el sueño que se pierde, ya se ha perdido.

Mujer trabajando con ordenador, bostezando Es importante recalcar que, cuanto más corto es el sueño, más corta va a ser nuestra vida. ¿Por qué? Dormir poco se asocia a patologías y enfermedades graves como diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares, demencias, trastornos mentales como la ansiedad, la depresión. Si acabamos enfermando, tenemos más probabilidad de morir antes.

Dormir bien nos da un envejecimiento saludable y esto nos alarga la vida. Dormir mal, o poco, nos la acorta.

¿Qué pasa con eso de “yo entre semana voy un poco corto de sueño y el fin de semana recupero”? Que si no duermes una hora el lunes, otra el martes, otra el miércoles… vas acumulando esa falta de sueño y notas el cansancio día a día.

Una de las consecuencias más graves que hay cuando vamos privados de sueño es que nos puede dar somnolencia o provocarnos lentitud a la hora de reaccionar, causando accidentes laborales, pero también accidentes de tráfico. Por ejemplo, en Estados Unidos han demostrado que cada hora muere alguien en un accidente de tráfico a causa de la fatiga y de la somnolencia.

¿Por qué es tan importante el sueño?

Una de las percepciones erróneas que podemos tener es que el sueño es meterse en la cama y desconectar durante 8 horas, sin que el cuerpo haga nada más. Pero se están realizando muchísimas funciones durante la noche y que son imprescindibles para que el cuerpo funcione bien a corto y largo plazo. Por eso, cuando no dormimos bien, hay más probabilidades de enfermar.

Para la reparación cognitiva y la reparación mental, ya se ha demostrado que las últimas horas de sueño, en las que estamos en la fase REM, son muy importantes. Por ejemplo, lo que es la empatía con la gente, la solución de problemas, el tener una visión más abierta, el ser más abierto a la crítica, todo lo que es aquella capacidad también de relacionarnos con los demás, la atención, la concentración, la memoria… Todos estos factores más cognitivos se reparan en las últimas horas de la noche. Por lo tanto, si dormimos pocas horas, estamos impidiendo esta reparación.

Si no dormimos suficiente y esta situación se alarga en el tiempo, puede desencadenar en un burnout, en ansiedad, en depresión y en un deterioro cognitivo a la larga. Si duermes poco pregúntate: ¿Cómo estás mentalmente? ¿Te cuesta concentrarte en el trabajo? ¿Estás más irritable? ¿Tienes más cambios de humor?

¿Hay alguna enfermedad grave asociada a la falta de sueño?

Sobre todo se ha asociado el Alzheimer, muy ligado a no tener suficiente fase REM, que es la fase en la que limpiamos las toxinas del cerebro.

Si por la noche no hacemos las fases como toca, los “basureros” que limpian nuestro cerebro de toxinas no aparecen, se ponen en huelga. De allí van quedando bolsas de basura. Están todas las neuronas y las “bolsas de basura” por allí llenas de las placas beta amiloides, que se han asociado al Alzheimer.

Dormir nos ayuda a tener una mente más limpia para poder aprender más, consolidar más aprendizajes y tener más memoria.

¿Cuáles son las pautas que podemos aplicar en nuestro día a día para favorecer un buen descanso?

Hay que empezar hablando de llevar una vida saludable. Si vivimos bien nuestro día, dormiremos bien nuestra noche, porque día y noche no se pueden separar.

Sabemos que hay una alimentación que nos ayuda a generar más melatonina y a dormir mejor. Es una alimentación menos inflamatoria para ayudarnos también a estar más sanos.

¿Qué alimentos incluyen triptófano o son precursores de la formación de serotonina y melatonina?

Triptófano verduras Aquí lo tenemos muy fácil porque bastaría con seguir la dieta mediterránea, porque tendremos los aportes de triptófano para generar serotonina y melatonina.

Debemos vigilar el cortisol, que es la hormona del estrés y de la ansiedad. Si esta hormona está elevada, el triptófano que consumimos tiene una vía de escape y necesitaremos más cantidad. Por ello, hay que reducir el nivel de estrés.

Además del tipo de alimentación, debemos vigilar cómo comemos. No puedo comer a cualquier hora, un día una hora, otro día otra, comiendo rápido, sin prestarle atención… Hay que comer sano, pero hay que comer bien. ¿Por qué? Porque comer rápido le está dando una señal a nuestro cerebro de que hay un peligro y suben los niveles de cortisol.

¿Qué otros hábitos debemos incluir en nuestro día a día para mejorar nuestro descanso?

Hacer deporte es muy importante. No tanto ir al gimnasio a machacarnos dos horas, sino un ejercicio de forma regular. A veces son pequeños gestos como, por ejemplo, no coger el ascensor y subir por escaleras, ir andando al trabajo o bajarnos una parada antes del transporte público.

Lo que no es recomendable es estar 10 horas sentada en una silla y luego irme 2 horas al gimnasio, para luego volver a casa y tumbarme en el sofá toda la tarde. Se trata de realizar ejercicio de forma más regular.

¿Y a nivel mental?

La mayoría vivimos constantemente en ansiedad y lo hemos normalizado. Pero hay personas que tienen la incapacidad de frenar la mente durante el día y, por consiguiente, también por la noche. Esa rumiación, ese dar vueltas a las cosas, pensar en el futuro o en el pasado, no estar en el presente… Todo ello son síntomas también de ansiedad.

Tenemos que ponerle un poquito de ayuda y remedio para disminuir todos esos niveles de ansiedad, para que, cuando llegue la noche, tengamos las condiciones necesarias para un mejor descanso.

Aunque, realmente, no hace falta nada para dormir. El sueño aparece. Lo que hay que vigilar es qué no hacer para que ese sueño pueda aparecer. Porque generalmente lo que hacemos son cosas que nos impiden que el sueño aparezca y, tener una mente muy activada, impide el descanso.

¿Algún consejo para desconectar o intentar relajar un poco la mente antes de meternos en la cama?

Si estás muy activa o con la mente dando vueltas, no vayas a dormir, porque lo único que vas a conseguir es ponerte nerviosa en la cama. Y lo que hay que intentar, sobre todo, es quitarle presión al sueño.

Chica acostada con los ojos cerrados y sonriendo No hay que darle importancia a esa noche que ha ido mal. Cuando no dormimos bien, al día siguiente solemos pensar en la mala noche que hemos pasado. Debemos ocuparnos de tener un buen día, porque será la mejor manera de tener una buena noche.

Aquello que no puedo controlar, no lo puedo controlar, pero lo que sí, asumo responsabilidad y tomo acción. Cuando no tomo esa actitud responsable, es fácil entrar en el victimismo. Ahí hay un trabajo para hacer de autoconocimiento, de conocerse la persona, muy bonito.

El libro Por fin duermo es muy práctico y damos muchas estrategias y pautas para que podamos empezar a ponerlas en práctica para empezar a dormir bien. Y, sobre todo, ir a la cama cuando tengamos sueño. No estar en la cama si estamos un poquito nerviosos y nos despertamos a mitad de la noche.

En los despertares nocturnos, si nos sentimos muy activos, ¿qué podemos hacer al levantarnos de la cama?

Depende mucho de cada persona, porque hay que buscar la relajación y eso depende más de cada uno. Intenta buscar aquellas conductas que te relajen, porque el objetivo no es buscar el sueño, sino la relajación.

Si me relajo, podré acabar durmiendo porque el sueño aparecerá. Pero si me focalizo en “tengo que hacer esto para dormir”, no me voy a dormir. Si yo me focalizo en “quiero relajarme” y lo consigo, el sueño es más fácil que aparezca.

Quitemosle esa presión, esa exigencia. La mayoría de las personas que no duermen bien suelen ser muy autoexigentes y su exigencia también la tienen con el sueño.

¿Cómo influye nuestra cama en el descanso?

Cuando uno duerme bien, duerme bien incluso sobre una piedra. Así que hay que buscar lo que a cada uno le va mejor. Hay personas que necesitan un colchón más duro, otro que lo quiere un poquito más blando… Al final será el que sea cómodo para ti.

Igual con la almohada. Y si hay alguna que te guste mucho y sea muy cómoda, llévatela de fin de semana y de vacaciones, especialmente si tienes problemas de insomnio, ya que te ayudará a descansar mejor.

¿Y respecto al colchón, cómo podemos elegirlo?

Seguramente lo mejor es probar varios, porque no es como comprar una camiseta, si no que tienes que usarlo un tiempo para que puedas decidirte por uno.

También hay que renovarlo cada cierto tiempo, normalmente cada 10 años, aunque dependerá de cada modelo.

¿Podemos hacer algo para mejorar el ambiente de descanso de nuestro dormitorio?

Hay que ventilarlo y refrescarlo durante unos 10 o 15 minutos cada día, que fluya el aire por la mañana y entre el sol. La temperatura a la hora de dormir tiene que ser más bien fresquita, porque el calor no nos ayuda a dormir. Y si luego nos tenemos que tapar con la sábana, pues mejor que tenernos que destapar por el calor. Además, ayuda que no entre luz por la noche porque, si no, no se sintetiza la melatonina, que es una hormona que se activa con la oscuridad.

Después, ayuda que la habitación sea insonorizada, en el sentido de que no se oigan muchos ruidos para que podamos dormir y descansar bien.

La habitación tiene que transmitirnos serenidad y calma, ayudarnos a descansar. Además, tiene que estar en orden y recomiendo que tenga poquitas cosas: la cama, el armario, una mesilla de noche o si queremos dejar algún libro para leer.

También puedes fijarte en los colores. Si entras en una habitación y ves unos colores muy chillones, eso ya te transmite mucha energía. En cambio, si los colores son más bien cálidos, ayudan a relajarte.

¿Es cierto que con la edad cada vez descansamos peor?

Es un mito que deberíamos sacárnoslo de la cabeza porque lo único que conseguimos con él es victimizarnos: “como me hago mayor, duermo peor y no hay nada que hacer”.

Pareja mayor durmiendo ¿Qué quiere decir hacerse mayor? Resulta que decimos que los 50 son los nuevos 30 y los 70 los nuevos 50. Queremos ser muy jóvenes para hacer muchas cosas, pero para el sueño, a los 40 ya nos hemos hecho mayores.

Si tú tienes vitalidad y sigues haciendo cosas a los 50, tú necesitas el sueño igual, porque sigues haciendo mucha actividad. Lo que sí que pasa es que, con los años, nos damos cuenta que la estructura del sueño cambia: no hay tanto sueño profundo y nuestro sueño es más superficial.

Hay personas mayores que duermen muy bien y hasta años entrados. También viven muchos años, porque sabemos que, cómo estás durmiendo ahora, afecta a tu salud a largo plazo. Hay estudios que podemos hacer ahora donde se analizan los telómeros del ADN, y sabiendo cómo estás durmiendo ahora, qué esperanza de vida tienes. Por tanto, si estás durmiendo mal, vas a vivir menos años. No es que duermes mal porque envejeces, es que envejeces antes porque duermes mal.

Una persona que a los 40 ya no hace ejercicio físico, es muy sedentaria, no tiene actividad, nuevas estimulaciones porque tiene un trabajo muy rutinario… Quizás te dirá que no tiene mucho sueño y que, con pocas horas, es suficiente.

Pero eso no va unido a la edad, porque hay personas de 70 años que están jubiladas, que van cada día al gimnasio, que se apuntan a cursos porque quieren aprender más cosas y están super activos. Estas personas duermen y duermen porque se mueven. Cómo estemos durmiendo es lo que va a determinar si soy más joven o no y si voy a vivir más años o no.

Respecto a otro mito, ¿es verdad que la menopausia afecta a la calidad del descanso?

El estudio Swan se realizó a 7.500 mujeres de diferentes nacionalidades para analizar cómo afectaba la menopausia al sueño. Se vio que las mujeres, cuando llegábamos a la perimenopausia, menopausia y posmenopausia, a medida que íbamos avanzando, teníamos una probabilidad de aumentar la alteración del sueño, casi casi hasta un 60%. Pero hay que coger estos datos un poquito con pinzas.

¿Qué nos pasa a las mujeres con 50 años? Que el nivel de melatonina de los 40 a los 50 hace una bajada importante. Y además, hay que preparar bien la entrada a la menopausia por toda esa pérdida de hormonas.

Si no me he cuidado antes de entrar a la menopausia y tengo una bajada de la melatonina, esas hormonas que me protegían de ciertas alteraciones del sueño, como los ronquidos, las apneas y otros, hará que empiece a dormir peor y pueda empezar a tener trastornos del sueño.

Lo mejor para sobrellevar la menopausia no es tomar pastillas, si no adquirir buenos hábitos para tener una menopausia mucho más saludable, convivir con ella y saber llevarla bien.

Libro Doctora Nuria Roura, Por fin duermo Has mencionado en varias ocasiones tu libro Por fin duermo. Cuéntanos un poco más de qué va y cómo nos puede ayudar a descansar mejor

Por fin duermo es un libro muy práctico y está basado en mi método “Duerme, descansa, vive”, que lo que analiza son estas áreas. Empezamos a analizar el sueño y ver cuál es la causa del mal dormir. Y a partir de ahí, vamos haciendo un recorrido por las distintas áreas.

Hago mucho hincapié, sobre todo, en esa área más cognitiva, más mental, sobre todo en esa rumiación para las personas que le dan muchas vueltas a las cosas y que son muy autoexigentes. También en esas preocupaciones excesivas y en cómo podemos manejarlo para poder dormir y descansar mejor.

Tiene también ejercicios prácticos y consejos que se pueden aplicar.

Dra. Clara Muñoz
Dra. Clara Muñoz
Dra. en Biomedicina por la Universidad de Barcelona, miembro de la Sociedad Española del Sueño y especialista en descanso. Coordinadora de las pruebas de producto de Encuentra Colchón con más de 150 análisis realizados.
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